Mi nombre es Florencia. Tengo 24 años. Nací el 14 de junio de 1980.
A veces me pregunto cómo habrá sido mi llegada a este mundo, y no puedo tener una respuesta. A los pocos meses de nacer fui dada en adopción.
Siempre supe que había sido adoptada. La verdad es que debo haber sido tan chica cuando me lo contaron que ni me acuerdo cuándo fue. Sólo tengo recuerdo de un cuentito que me contaron mis papás, el cual no olvidé nunca:
“Yo estaba en el cielo con Jesús, esperando para venir a nacer y vivir con mis papás. Pero como mi mamá no podía tener hijos, Jesús simplemente decidió mandarme a la panza de otra señora, e hizo que mi mamá fuese a buscarme a su casa.”
A partir de ese relato tan simple pude entender mi adopción como algo muy natural. Creo que lo más importante en estos casos es siempre vivirlos con naturalidad, honestidad y sobre todo tratarlos con la verdad. Hay que enfrentar los miedos y así superarlos, porque si no las consecuencias nunca son buenas.
Y si alguien me pregunta hoy si quiero o si alguna vez quise conocer a mi mamá biológica, no les voy a mentir, y mi respuesta es que sí, incontables veces. Supongo que todas las personas adoptadas piensan en sus padres biológicos y tienen muchas fantasías acerca de ellos. Pero es esperable, ¿no? Al fin y al cabo, quienes somos adoptados tenemos un pasado que es parte de nuestra historia, y que nadie nos puede negar. De hacerlo, estarían negando parte de nuestra persona, de nuestra identidad. Habrá quienes deciden tratar de conocer esta historia y habrá quienes deciden no hacerlo. Ambos caminos deben ser respetados y comprendidos. Hay quienes necesitan cerrar esa parte de su vida para seguir adelante, y hay quienes no.
A aquellos padres adoptivos o futuros adoptantes les digo: “No tengan miedo”. El miedo únicamente nos paraliza y perjudica. Por más que cueste entenderlo, para nosotros los adoptados hay una diferencia muy clara entre nuestra madre adoptiva y nuestra madre biológica. Tenemos dos mamás, cuyos roles en nuestras vidas fueron muy distintos, pero ambos muy importantes. Además, en nuestros corazones hay mucho lugar para las dos. Y es muy importante que esos padres que nos acompañaron en nuestro crecimiento nos den siempre su apoyo con respecto a este tema, y que nos hablen siempre con la verdad. Nosotros no nos olvidamos que ellos fueron los que nos llevaron de la mano al ir transitando este camino con tantos obstáculos que es la vida, y queremos que lo sigan haciendo siempre.
Adoptar a un hijo es un acto de amor tan grande que a veces es incomprensible, hasta para mí. Además, hay que tener mucha valentía; pero de la mano del amor y la verdad todo es posible, sobre todo la felicidad.